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El undécimo mandamiento: ¡NO OLVIDARÁS!

Un buen viajero no tiene un plan fijo ni se preocupa por la llegada.” Lao Tzu, filósofo chino clásico.
El artista y fotógrafo Mustafa Sabbagh elige Italia como su escondite perfecto. Aun así, viaja por todo el mundo, y mantiene a sus seguidores preguntándose sobre su visión de un mundo diferente. Massimo Gava le ha entrevistado.

 

Mustafa Sabbagh nació en Amman, Jordania. Hijo de padre palestino (uno de los primeros refugiados en cruzar la frontera jordana en 1948) y de madre italiana. Ambos se conocieron en Roma: él trabajaba en la Embajada de Jordania cuando ella visitaba la capital italiana desde Trieste. Se casaron y se mudaron a Amman, donde crearon a ocho hijos. Mustafa es el mayor.

“Mamá era cristiana, papá, musulmán; pero ninguno tuvo que convertirse a la religión del otro, y para nosotros, sus hijos, fue un privilegio celebrar las festividades anuales de ambos credos”.

A los seis años, a Mustafa le regalaron su primera Polaroid y empezó a iniciarse en la fotografía.

Siempre le atrajo el mensaje trascendente de las imágenes y, tras terminar sus estudios de secundaria, decidió continuar su formación en Estados Unidos.

Así, a los diecinueve años se mudó allí, para darse cuenta al poco tiempo que ese lugar soñado no era como él esperaba. Su padre e sugirió viajar por Europa, en lugar de volver a Jordania. Mustafa visitó primero Inglaterra, después Francia, Alemania y después visitó a su abuela en Trieste, una ciudad al norte de Italia cerca de la frontera con Eslovenia. Él había visitado a su abuela anteriormente junto a su madre, siendo solo un niño. Pero era la primera vez que se enfrentaba a este país estando solo, con su italiano chapurreado.

Sabbagh se enamoró de Italia y decidió matricularse en la Escuela de Ingeniería de Trieste, pero pronto después decidió cambiarla por la Universidad de Venecia, donde comenzó la carrera de arquitectura. Mientras estudiaba, se mudó de nuevo; esta vez a Ferrara, en el interior de Italia. No tuvo, según afirma, una razón específica para hacerlo más que su gusto por a región de Emilia Romagna.

Mientras seguía estudiando, continuó viajando y haciendo fotografías.

Como hombre joven que era, no perseguía cambiar el mundo con su trabajo. Pero, al menos, quería cambiar el suyo. Y fue esta idea la que le mantuvo recorriendo el mundo.

Trabajar como modelo le permitió costearse los estudios y continuar trabajando.

En uno de estos trabajos como modelo, conoció al reconocido fotógrafo Richard Avedon, y se convirtió en uno de sus asistentes. Mustafa afirma: “tenía la idea constante de investigar el ser humano y capturar su imagen. Trabajar con Avedon me dio la oportunidad de aprender más sobre las herramientas para llevar a cabo esta meta”.

Tras esta experiencia, Mustafa comenzó a publicar sus trabajos en Estados Unidos, Inglaterra e Italia: “hice un montón de sesiones de moda, en los tiempos en que la moda era el propulsor de los cambios culturales, no como ahora, que solo cuentan los números. También tuvo una parte de acto de vanidad, pues me encantaba la visibilidad que mi trabajo tenía gracias a esas publicaciones”.

El arte de Sabbagh se aleja bastante de los estándares de la fotografía. Para él es importante desafiar las convenciones actuales. Afirma que nunca hace uso de Photoshop porque no le gusta la clonación humana. De acuerdo al patrón de belleza que se intenta establecer actualmente, Mustafa opina que lo que deberíamos hacer es abrazar la imperfección: “te venden estas ilusiones irrealizables. El ser humano es el foco de nuestra existencia, y es perfecto con sus propios defectos. ¿Por qué querrías avergonzarte por la historia que cuenta tu rostro? Es parte de ti y de estar vivo, parte de lo que eres”.

Mi curiosidad me llevó a preguntarle cómo consiguió que determinadas marcas le contrataran.

“¡No fue algo que ocurriera con facilidad! Pero algunas veces te topas con alguien que piensa como tú; llamémoslo afinidad intelectual. Yo creo en la química entre los seres humanos. Si no hay empatía, no tendré interés alguno en conocer a esa persona. Aunque lo he hecho en el pasado, me hacía sentir que estaba, de alguna manera, regateando con con mi trabajo y mi forma de pensar. Es difícil ponerle un precio. Algunas veces el compromiso saldría más caro que lo que se podría alcanzar, a veces no. Me encuentro en un afortunado momento de mi vida en que puedo vivir haciendo lo que me gusta”.

“A veces la gente te busca, porque para ellos eres simplemente un nombre, y pretenden que te adaptes a lo que ellos exigen. En ese caso, tenemos un problema. Así que prefiero elegir a las personas con las que trabajo”.

Ser un artista es un deber, no solo una profesión. Continúa: “ Es un deber, primero para ti mismo, porque ser artista es, de algún modo, una condición que tienes, un desorden mental con el que vives felizmente. Puede que no sea lo mismo para las personas que te rodean, pero a mí me encanta esta ‘enfermedad’ de la que, si me curaran, me encontraría totalmente fuera de lugar. Además, ya hay muchos fotógrafos que son muy buenos haciendo lo que otros les piden”.

Mustafa Sabbagh explica que sus trabajos comienzan con un mensaje, una idea que quiere desarrollar, y entonces involucra a su equipo para que le ayude a dar forma al proyecto. Cuando se trata de un producto comercial, él sigue sus instintos y se olvida del objeto principal. Su memoria crea un espacio, un lugar específico, y de ahí toma en cuenta las condiciones (noche, día, interior, exterior…). No hay un modelo determinado para sus escenarios, ni ninguna fórmula predeterminada, puesto que esto llevaría irremediablemente a la repetición y, por tanto, al aburrimiento. Si no se reta a sí mismo continuamente, su cerebro no creará esos conceptos con los que produce su singular visión de las cosas”.

La mayor parte de su creatividad se materializa en Ferrara, “porque incluso un nómada como yo necesita almacenar”, dice entre risas.

Mustafa siente que estar en un lugar pequeño le ayuda a reflexionar sobre lo que es importante. “Cuando vives en una gran ciudad, corres el riesgo de convertirte en seguidor de cualquier nuevo concepto puntual. En una gran ciudad, estás atrapado en una corriente vertiginosa. El tiempo en sí mismo se convierte en un lujo sin darte cuenta. En una urbe más pequeña, conoces mejor a la gente. Saben lo que haces, pero no tienen idea de la dimensión de lo que haces”. Luego enfatizó sobre que de todos los sitios por los que ha viajado, eligió Italia para establecerse. La luz, la atmósfera del lugar donde vive convierten su entorno en un lienzo en blanco que llenar con su vida y creaciones.

 

La exposición itinerante antológica de Mustafa, “XI Commandment: You shall not forget (Undécimo mandamiento: ¡No olvidarás!)”, comenzó su jornada en mayo de 2016 en el prestigioso ZAC, en Palermo, Italia. Promocionado por el Departamento de Cultura de la ciudad, llamó la atención internacional como un lugar de referencia para el arte contemporáneo en el corazón del Mediterráneo. El paisaje mediterráneo, según Mustafa, posee la más bella luz con la que trabajar. También une a los europeos del norte y del sur, de formas que no llegamos a imaginar.

*

Le pregunto por qué crear un undécimo mandamiento. ¿Talvez diez no eran suficientes? Mustafa se ríe y me cuenta que la sociedad contemporánea tiene la costumbre de borrar de su memoria las pequeñas faltas que el hombre comete hacia sus semejantes. Es una muestra de la esquizofrenia de la sociedad contemporánea. Por eso ha añadido un mandamiento más: no olvidar. La exposición consta de 90 grandes fotografías y 11 vídeos, instalaciones y sonido. Pretende que el visitante enfrente la incomodidad contemporánea, porque es lo que enfrentamos todos continuamente.

“Pero aquellos que viven en una situación de incomodidad son los que tienden a creer que la situación cambiará. No sé si alguna vez lo conseguiremos, o si estamos condenados a quedarnos así por el resto de nuestras vidas, pero espero provocar esa pregunta en los visitantes”.

La exposición de Sabbagh tardó tres años en estar completa. Ha trabajado en ella como si de una exhibición colectiva se tratara, pero de un único artista que ha creado una antología para su última década de trabajo. Los sujetos que en ella aparecen son personas normales que han ido cruzándose con él en algún punto de su camino. Tras Palermo, la muestra estuvo en el Museo San Domenico de Forli, en Italia, de octubre de 2017 a enero de 2018, para después embarcarse en un tour por las capitales europeas durante este año.

Es casi imposible definir el trabajo de Mustafa Sabbagh, pues consigue capturarte y abandonarte en un limbo de pensamientos. La complejidad de su trabajo es admirable. La visión que el artista comparte te deja dubitativo, entre la felicidad y la pérdida. Todo forma parte del juego que Mustafa juega en tu mente cuando contemplas su obra. La curiosidad de Sabbagh por el ser humano te transporta a un punto en que verás de forma diferente a los que están a tu alrededor después de haber experimentado la exposición.

Como ya hemos dicho sobre muchos artista en DANTE, la mejor forma de forjar una opinión es que veas su trabajo por ti mismo, y dejarte llevar a un constante viaje de un hombre que no tuvo intención de cambiar el mundo , ni de llegar a ningún sitio, sino que tan solo pretendía cambiar la percepción y el sentimiento de su propio mundo. La verdad es que la visión de este artista te transportará en una experiencia que, en palabras mismas del mandamiento que ha creado, no podrás olvidar.

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