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Indies, hipsters y un compositor ochentero.

Vintage, hipster, indie son palabras que ya forman parte de nuestro vocabulario. Invaden las calles, la moda y también la música. Lo alternativo marca tendencia más que nunca.

por Ana Ibares 

Los hipsters llegaron para quedarse y por más que las revistas de tendencias (ya sean femeninas o masculinas) quieran desterrarlos de las tribus urbanas, ellos se mantienen porque son vintage y bailan entre lo que es mainstream y lo que no lo es.

Hay muchos detalles que caracterizan a los hipsters: la indumentaria adecuada, la forma de actuar, los gustos culinarios y por supuesto – como en todo grupo urbano – los gustos musicales. Encantados por grupos gestados en la década de los 80 y los 90 y que han actualizado al siglo XXI. Se pasean con sus barbas cuidadosamente pobladas, se van de vinos a los bares más antiguos de la ciudad, se inventan el brunch, una comida más entre las cinco básicas, y escuchan música con tendencias pasadas pero con sonidos actuales. Se sienten inspirados por los artistas de ayer pero les dan un toque diferente (aunque nunca demasiado evidente). Pero no son nuevos, no han creado ninguna tendencia: hace unos años los indies, los “modernos” ya se paseaban con su estilo ochentero, sus Converse y sus chapas. El esteticismo era la clave de su constitución y eso lo han dejado en la herencia a los hipsters. Son su evolución natural. “Una evolución más sofisticada y despolitizada con apariencia de glamour”, como destaca Nacho Vegas en el prólogo de Indies, hipsters y gafapastas de Víctor Lenore.

El movimiento indie comenzó en los años 40 cuando los músicos tenían que buscarse su manera de poder triunfar en la música: realizaban pequeños conciertos en bares, creaban sus sellos discográficos y grababan LP’s con un número reducido de canciones. La década de los 80 fue la explosión de esta revolución musical en diferentes partes del mundo: Estados Unidos, Canadá, Irlanda, España y Reino Unido -cuna del Brit Pop– y origen de algunos ejemplos de este género musical. Como ya destacaba anteriormente, el supuesto género se llamó así por la llegada de grupos independientes de las grandes discográficas al mundo musical. My bloody Valentine, The Pixies, The Smiths o Sonic Youth crearon una tendencia musical en la que la experimentación y la mezcla de distintos estilos eran la clave para crear nuevos sonidos. Esas canciones personales, íntimas, soñadoras y pop conforman la discografía de un grupo que encaja a la perfección con el estilo indie y que a pesar de este carácter independiente y local ha logrado hacerse un hueco en las listas internacionales. Hablamos de La Casa Azul.

Óscar, Sergio, David, Clara y Virginia, los androides de La Casa Azul.

Óscar, Sergio, David, Clara y Virginia, los androides de La Casa Azul.

En 1997 aparecen 5 músicos (3 chicos y 2 chicas) vestidos con colores y con una estética similar a la familia americana de los Brady. Guille Milkyway creará en Barcelona a un grupo ficticio que cantaban al desamor con la alegría de alguien que siente mariposas en el estómago.

Las influencias venían de una mezcla entre la música disco de los 70, el Soul, lo Disco y el Europop de los 90. Las canciones trataban sobre temas sencillos: el amor, la amistad, la felicidad e, incluso, sobre el desamor y la tristeza. Pero La Casa Azul no es un grupo convencional y todas sus canciones se caracterizan por unas melodías alegres y sus letras en ocasiones melancólicas. Ellos bailaban entre globos, saltaban y sonreían aunque el sol no brillara nunca más. “No es un grupo como a los que estamos habituados con un batería, un guitarra […] Aquí todo es una cosa de fantasía, queda un poco en la sombra y no sabes qué es real o es mentira”. Así define su creador, Guille Milkyway a La Casa Azul. En los años 60, grupos como Los Archies (conocidos popularmente por su canción Sugar, sugar) aparecían como dibujos animados y fijándose en este concepto, Guille Milkyway crearía a los chicos de La Casa Azul.

The Archies, banda ficticia de bubblegum pop de los años 70.

The Archies, banda ficticia de bubblegum pop de los años 70.

Sus letras evolucionaron y dejaron las pequeñas sutilezas para llegar a los temas grandes y más políticos. El grupo avanza al mismo ritmo. En “El sonido efervescente” (2000) fueron dibujos, en “Tan simple como el amor” (2003) serían los 5 chicos elegidos para ser la imagen en los videoclips (“Como un fan” o “Superguay” son los vídeos protagonizados por la pandilla) y en las actuaciones de televisión. En este momento, Guille Milkyway haría sus pequeñas apariciones pero siempre en la sombra. Con “La revolución sexual” en 2007, los chicos se convertirían en androides que Guille controlaba en sus videoclips y a partir de aquí, el compositor y creador del grupo pierde la vergüenza y la timidez y aparece constantemente en pantalla y en las entrevistas, no solo en los conciertos. Su último disco “La polinesia meridional” será el giro donde Guille Milkyway pasa a un enfoque menos romántico, más político, y donde ha utilizado la tecnología musical como clave para crear nuevos sonidos.

Su éxito en España es ocasional. El grupo aparece en programas musicales como “Música si” (TVE) o el “Club Disney” (Telecinco); Guille Milkyway actuará en festivales como en el Festival Contempopránea, en Alburquerque (Badajoz) y en el Festival Internacional de Benicàssim (festivales indies españoles por excelencia). Pondrán música a películas de la época como “El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo” en la que participa el actor y director Santiago Segura, y ganaría un Goya en el 2010 con su canción “Yo también” de la película homónima dirigida por Álvaro Pastor y Antonio Naharro.

“La revolución sexual” le proporciona la fama nacional, hace entrevistas en el programa como “Siglo 21” de Radio 3 y en prensa: El Mundo, El País, La Razón y Público se interesan en cubrir el lanzamiento del nuevo disco. Incluso fue portada de la revista Mondo Sonoro. Pero sobre todo después de su aparición en el programa de preselección “Salvemos Eurovisión” de Radio Televisión Española, Guille Milkyway será conocido por el público general. Se quedaría en el tercer puesto para acudir al Festival de la Canción de Eurovisión con una versión corta de “La revolución sexual”.

Guille Millkyway con el Goya a la mejor canción original en su edición del 2010

Guille Millkyway con el Goya a la mejor canción original en su edición del 2010

Su éxito internacional está focalizado en archipiélagos lejanos. Su primera visita se debe a un evento de la discográfica independiente a la que pertenecen, Elephant Records. Guille Milkyway llega por primera vez a Japón en 2004. Allí actuó en al ExpoAichi 200 en el distrito de Shibuya, en Tokio. Esto sería solo el inicio de un sorprendente éxito de La Casa Azul. “En Japón no se pone en duda si es un grupo con componentes reales el que hay detrás de los chicos… sino que se habla de música”. Su último recopilatorio “La nueva Yma Sumac. Lo que nos dejó la revolución” es un ejemplo claro de la opinión positiva y del éxito recogido en estos países ya que incluye una canción en japonés. Su siguiente visita sería en el 2006.

Viajaría a Corea del Sur para realizar una mini-gira junto a Corazón. Tocarían en el Festival Naini Island, en el Latin Music Festival celebrado en el Inchon Memorial Hall en Koryo (Universidad Nacional de Corea) y en el auditorio de la Universidad de Yonsei en Seúl. Tras esta gira la marca cosmética coreana DHC elige «Galletas» para su campaña de publicidad. Incluso, hace unos meses se hizo viral una clase de castellano en China donde los estudiantes cantaban “La revolución sexual” para aprender a pronunciar.

La Casa Azul es un auténtico grupo indie, alternativo y propio de los nuevos modernos. Pretenden ser un refugio sonoro, evitar los prejuicios en la música, demostrar que “se puede ser tecnológicamente innovador pero también sentimental” y que se puede hablar del amor, la amistad, el escapismo, los sistemas políticos o las catástrofes sociales con un toque original: poniendo un punto positivista y bailable al asunto.

 

 

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